Re-escrito 01/mayo/010’
Hay días en los que despierto con recuerdos vivos.
Con esperanzas vacías y lagrimas secas en el rostro.
Días en los que levantarse no es más que una parte más de esta rutina que nos agobia y nos rescata de la desesperación de la soledad.
El ritual de las convergencias de la ciudad esa perdida en el espació de la multitud y las hígados hinchados de las cantinas con lujos no son mas que el escape que busca la desenfrena esperanza fatigada, de los rincones indolentes de la conciencia y de los cabos sueltos de la hilarante comedia de esta vida.
Hay días, como este, donde las rizas se ausentan y esas formas animadas retoman una significancia importante dentro de las razones de pensar y vivir. Las mañanas sin resaca son como “las miles y una noche” que se olvidaron de mí, con escasas escusas para seguir acá. No queda otra que sumirse en la naturaleza de la infamia y dejárselo todo al tiempo que no hace más que retenerte en algún abismó y luego soltarte… por él y dejarte esperando hasta la caída, de tus entrañas cercenadas y servida en un plato para que la discordia se sacié con ella. Y pues, nunca llegar el preciado final, esperaras a por le calvario, porque el dolor desaparezca o que la realidad se tiña de gris y velen tu cuerpo.
Jonás.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario